Nuestros vinos nacen de parras centenarias, desde los cien a los doscientos cincuenta años. Son vides que fueron plantadas hace siglos a pie franco en los Valles del Bío Bío e Itata, el territorio más vasto y único de viñas viejas en el mundo. Desde aquí nace el trabajo sustentable de los suelos en diversas geografías y la belleza de vivir una viticultura libre de filoxera, tradicional, consciente e innovadora.







