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HISTORIA
Roberto Henríquez, Ingeniero Agrónomo Universidad de Concepción y Enólogo.
El viaje de Roberto Henríquez comienza desde niño. En la viña de su tío, Enrique Ascencio, en el Valle del Itata, en la Región del Biobío, descubre la conexión con el mundo campesino, las tradiciones y la cultura vitícola, experiencia que marca su vida y lo lleva a cumplir el sueño de elaborar su propio vino. Luego de trabajar en las viñas más importantes de Chile, viaja al extranjero para especializarse en países como Canadá, Francia y Sudáfrica. A los 29 años regresa al Bíobio y se conecta con sus raíces, un proceso de profundo aprendizaje donde aprende a hacer vino pipeño con los campesinos de su tierra. Roberto es reconocido como un apasionado por la producción de vinos que rescatan la cepa país, la más antigua de Chile y América, parras entre los 100 y los 250 años de vida, plantadas a pie franco, sin riego y que cosecha cada año a las orillas del río Bíobio y en el Valle del Itata.



El año 2015 nace la Viña Roberto Henríquez. Comenzó con apenas 400 botellas hoy transformadas en 60 mil y que están presentes en grandes ciudades como Nueva York, San Francisco, Montreal, Quebec, São Paulo, Paris, Londres, Dublín, Barcelona, Amsterdam, Estocolmo, Copenhague, Brujas, Sídney y Seúl, entre otras.
Vinos como Rivera del Notro, Santa Cruz de Coya, Molino del Ciego, Tierra de Pumas, País Franco o Cerro La Trinchera son parte de su cava, quien ha sido reconocido como el mejor enólogo y el más innovador del país, mientras que sus vinos figuran como en la lista de “los 25 imperdibles” de la revista Punch, otros con altas puntuaciones en The Wine Advocate de EEUU, o la selección que hace Decanter, eligiendo a uno de sus vinos entre “los top 30 orange wines del mundo”.
Roberto Henríquez entrega un relato, en el que se unen la territorialidad, la identidad, la geología, los bosques nativos del sur de Chile y una filosofía de lo natural. Ha formado además una Agrícola llamada “Sin Patrones” con jóvenes agrónomos, sin cargos ni jefaturas. Un grupo de jóvenes que rescatan los frutales campesinos para fabricar destilados, sidras y cervezas. Un trozo del campo en nuevas botellas que simbolizan una forma de pensar colectivamente una actividad.


